martes, 24 de mayo de 2022

Chanel es la salvadora y Chiqilicuatre su profeta


 ¿Por qué ha triunfado Chanel en Eurovisión? 

Son indudables las dotes como bailarina y vocalista de la cantante, pero nadie podrá negar que la letra de la canción no es digna precisamente de Manuel Alejandro, lo que a priori haría dudar de que consiguiera un tercer puesto. Pero...¿acaso importa la letra? La música tiene ritmo y energía; pero sobre todo es una buena percha para colgar una cantante y cinco bailarines en estado de gracia con una coreografía efervescente ejecutada a la perfección.

Cuando el Chiquilicuatre fue a Eurovisión hace ahora 14 años fracasó (puesto 18 de 26), pero no porque su propuesta no fuera acertada, sino precisamente porque ponía en evidencia lo que era Eurovisión: un lugar que no hay que tomarse demasiado en serio. Y eso no sentó bien a los jurados.

Porque desde hace muchos, muchos años, Eurovisión es la apoteosis del espectáculo, el Carpe Díem y la inconsciente y osada juventud bailando sin freno (¿hay, por cierto, alguna norma que limite la edad -por arriba- de los participantes?).

Puede que la historia haya terminado, pero la fiesta no

Eurovisión es Europa diciéndose a sí misma: "Si ya no somos el ombligo  del mundo, al menos disfrutemos de nuestro bienestar, diablos. ¡Y sí, bailiemos!"

Chanel a puesto en pie a un auditorio multieuropeo porque en lo que está de acuerdo la humanidad desde la cuna de  la civilización es que el camino más directo hacia un estado de ánimo exaltado y festivo es el baile. Y si es de seducción, mejor. 

¿El contenido? ¿Qué importancia tiene? No la ha tenido en casi ninguna de las letras de los últimos años. No la tenía en Chiquilicuatre. Es verdad que David Fernández (Chiquilicuatre) no tenía ni el muslamen de Chanel, ni sus movimientos, ni su arte para elevar el perreo a la categoría de espectáculo, pero el concepto ya estaba ahí ("Perrea, perrea,...¿Recuerdan?)

Chiquilicuatre era un artista diciéndole a un sesudo jurado. "¿Pero de verdad se toman en serio todo esto?" Chanel es el descaro de una joven artista -y todo su equipo-  que le sueltan al mismo jurado. "Ya sabemos de qué va todo esto, así que se lo vamos a dar".

¿Y de qué va todo esto?

De vitalidad, diversión, euforia, frivolidad, celebración (ya lo intentó Rosa con "Europe is living a celebration"), de fiesta, en definitiva. Al final, todo es cuestión de graduar la intensidad de un mensaje sencillo que se resume en: "Disfrutemos de nuestros jóvenes cuerpos un año más".

Si la canción de Eurovisión consigue que el público se deje arrastrar por ella y ponerse a bailar sin saber muy bien lo que dice la letra más allá de una o dos palabras... objetivo cumplido.

El problema del Chiqilicuatre no era de concepto, era de intensidad carnal. Un cómico y una guitarrita de juguete no era suficiente. Ha tenido que venir Chanel y su coro de baile para demostrar algo parecido a lo que decía McLuhan: Señores, no importa el mensaje, importa el masaje. El masaje de la mirada.